EDUCAR PARA LA PAZ PARTE 2
Será responsabilidad de toda la comunidad educativa, y en especial de nosotros los docentes, en el que sean tratados de forma adecuada: deben estar presentes en el Proyecto Educativo de Centro, en el Proyecto Curricular de Etapa y en las Programaciones del Profesorado.
Vivimos en una sociedad en la que el egoísmo y el materialismo "sonríen, se divierten y aparecen por doquier", y no estaría de más que desde los centros educativos, que desde nuestras aulas, y que desde las instituciones sociales y políticas del país se lanzasen modelos de convivencia para conseguir una sociedad más justa y homogénea, y, ¿por qué no?, una sociedad más feliz.
Hay ciertas cuestiones en la época actual, sobre las cuales nuestra sociedad reclama una atención prioritaria: la violencia, la escasa presencia de valores éticos básicos. En la actualidad el dinero es el "rey" de la sociedad y el conseguir ser "number one" la meta a la que todos aspiramos, el consumismo, el despilfarro, frente al hambre en el mundo, la degradación del medio ambiente, la violencia, etc.
Tenemos que posibilitar a nuestros alumnos, desde el aula, el entendimiento y la sensibilización ante estos problemas, siendo capaces de emitir juicios críticos respecto a ellos y competentes para adoptar actitudes y comportamientos basados en valores racionales y libremente asumidos. Por eso se ha introducido en el currículo de la Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria este tipo de enseñanza que responde a los problemas sociales y que nosotros conocemos como "Temas Transversales".
La enseñanza-aprendizaje de los temas transversales no debe ser específica de un departamento o áreas, sino que sus contenidos tienen que impregnar los currículos de todos y las diferentes asignaturas no pueden aparecer ante el alumno como compartimentos estancos, sin una clara relación con las demás, sino que deben ser partes complementarias en el estudio de una realidad única.
La educación para la paz es un proceso que debe estar presente en el desarrollo de la personalidad. Como proceso debe ser continuo y permanente, para enseñar a "aprender a vivir en la no violencia", y que confía en la creación de ámbitos de justicia, de respeto, de tolerancia y felicidad gradualmente más amplios. Diríamos que educativa mente pretendemos un proceso de enseñanza-aprendizaje de la cultura de la paz que implica una ética personal y social fundamentada en la convivencia en libertad y en igualdad, es decir, plenamente democrática. Esta concepción se inspiraría en el respecto y reconocimiento de todos los convenios internacionales que reconocen los derechos humanos, favorecen un concepto internacionalista y global de la sociedad humana, se fundamentan en carácter intercultural y mundialista, pretenden el desarrollo de todos los pueblos y optan por el desarme como principio.
Vivimos en una sociedad en la que el egoísmo y el materialismo "sonríen, se divierten y aparecen por doquier", y no estaría de más que desde los centros educativos, que desde nuestras aulas, y que desde las instituciones sociales y políticas del país se lanzasen modelos de convivencia para conseguir una sociedad más justa y homogénea, y, ¿por qué no?, una sociedad más feliz.
Hay ciertas cuestiones en la época actual, sobre las cuales nuestra sociedad reclama una atención prioritaria: la violencia, la escasa presencia de valores éticos básicos. En la actualidad el dinero es el "rey" de la sociedad y el conseguir ser "number one" la meta a la que todos aspiramos, el consumismo, el despilfarro, frente al hambre en el mundo, la degradación del medio ambiente, la violencia, etc.
Tenemos que posibilitar a nuestros alumnos, desde el aula, el entendimiento y la sensibilización ante estos problemas, siendo capaces de emitir juicios críticos respecto a ellos y competentes para adoptar actitudes y comportamientos basados en valores racionales y libremente asumidos. Por eso se ha introducido en el currículo de la Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria este tipo de enseñanza que responde a los problemas sociales y que nosotros conocemos como "Temas Transversales".
La enseñanza-aprendizaje de los temas transversales no debe ser específica de un departamento o áreas, sino que sus contenidos tienen que impregnar los currículos de todos y las diferentes asignaturas no pueden aparecer ante el alumno como compartimentos estancos, sin una clara relación con las demás, sino que deben ser partes complementarias en el estudio de una realidad única.
La educación para la paz es un proceso que debe estar presente en el desarrollo de la personalidad. Como proceso debe ser continuo y permanente, para enseñar a "aprender a vivir en la no violencia", y que confía en la creación de ámbitos de justicia, de respeto, de tolerancia y felicidad gradualmente más amplios. Diríamos que educativa mente pretendemos un proceso de enseñanza-aprendizaje de la cultura de la paz que implica una ética personal y social fundamentada en la convivencia en libertad y en igualdad, es decir, plenamente democrática. Esta concepción se inspiraría en el respecto y reconocimiento de todos los convenios internacionales que reconocen los derechos humanos, favorecen un concepto internacionalista y global de la sociedad humana, se fundamentan en carácter intercultural y mundialista, pretenden el desarrollo de todos los pueblos y optan por el desarme como principio.

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