LUCHA DE NEWMAN CONTRA EL LIBERALISMO

Los que han seguido la trayectoria del pensamiento de Newman en los cincuenta años previos habrían reconocido que el discurso del Biglietto evocaba a un Newman más joven y a una consistente y firme oposición a la religión liberal. En 1848, por ejemplo, satirizó la religión liberal en su novela «Loss and Gain» (Perder y Ganar, 1848). Uno de los personajes del libro, el deán de Nottingham, es retratado como alguien que cree que «no hay verdad o mentira en los dogmas teológicos recibidos; que había modos, que no eran ni buenos ni malos en sí mismos, sino personales, nacionales o periódicos».Tales opiniones reflejaban la visión de aquellos que principalmente consideraban la Escritura, la Iglesia y la fe cristiana como construcciones humanas históricas en su esencia; una noción que invariablemente va de la mano de una mal disimulada insistencia en que la Iglesia siempre requiere adaptarse totalmente a cualquier cosa que sea el zeigeist (espíritu del mundo).
El resultado final es una inestabilidad (y por tanto incoherencia) doctrinal crónico y la degeneración de las iglesias en meras ONGs; precisamente la situación que caracteriza al catolicismo actual del mundo germano-parlante.



Newman nos dice que el liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera.

Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía.

La devoción no está necesariamente fundada en la fe. Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa? Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad. (John Henry Newman, 1879).


     
 


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